6/9/10

Las fotografías del camino

Mientras observaba a Samuel revolcarse en la cama al no poder dormirse por la infección de garganta que lo aquejaba y al mismo tiempo pensaba en cómo me las iba a arreglar para pagar la cámara que me robaron en el viaje se vino a mi mente una idea sobre en qué situaciones es que fotografiamos momentos de nuestra vida, corríjanme si me equivoco pero, siempre lo hacemos en momentos alegres, cuando estamos de festejo o cuando pasa algún acontecimiento de felicidad, también cuando socialmente debe quedar un recuerdo de alguna actividad.


Porque será que no fotografiamos nuestros momentos de soledad, tristeza, enfermedad o muerte, porque ese anhelo de recordar solo los buenos momentos, si en la construcción de nuestra forma de ser y vida las circunstancias adversas representan etapas trascendentales de formación y crecimiento.

La cámara de nuestra conciencia a veces funciona igual, como un mecanismo de defensa tratamos de reprimir y olvidar los dolores y sufrimientos y simplemente recordar lo positivo y mantenernos en constante añoranza. Nos criamos, acostumbramos y nos sentimos cómodos con la idea de no saber afrontar, aprender y porque no disfrutar de las capas oscura de la vida.

Un álbum de fotografías que vale la pena es aquel que recopila cada detalle de lo dichoso y lo no tan dichoso, de las victorias y de las derrotas, de los aciertos y de los errores y que cada pie de foto haga referencia a la reflexión y madurez acumulados con cada experiencia.

Una particular definición de amigo

¿Quiénes son nuestros amigos realmente? Me cuestiono si son esos que consideramos y titulamos como “nuestros amigos” o son aquellas personas que están cuando las necesitamos, no me malinterpreten, no hablo de sacar algún provecho de la gente, sino de aquellos individuos que están ahí en circunstancias importantes, ese compañero de trabajo que le toca escucharnos en el momento cuando sufrimos una enfermedad e inclusive nos consigue un medicamento para nuestro padecimiento o ese vecino que nos topamos y le platicamos como fue nuestro terrible día y nos invita a tomar una taza de café o tal vez sea ese viajero de junto en el bus que decide disponer de su tiempo para conocer nuestra fracasada historia amorosa que nos mantiene deprimidos.


Y vuelvo a preguntarme ¿quiénes son nuestros amigos realmente? Las personas que por sus cualidades o forma de ser son nuestros candidatos predilectos para salir o planear actividades juntos o son aquellos que por distintas situaciones son compañeros de convivencia diaria, a los que de una u otra manera los apreciamos y a los que a veces aún representando un lugar importante en la cotidianeidad los tratamos de invisibilizar tachándolos con nombres genéricos: “compañeros”, “conocidos”, “vecinos”,…

Serán nuestros amigos realmente estos hombres y mujeres sin nombre a los que les revelamos partes y etapas determinadas de nuestra personalidad y vida…

Será nuestro apego nublando la vista el que nos impide ver que realmente no hay amigos, más que nuestra propia capacidad de disfrutar de dar y recibir actitudes y experiencias positivas y negativas en la amplia existencia del conjunto…

¿Cuánto tiempo se invierte en un “amigo”? ¿Cuánto se sufre por la ruptura de una relación amistosa? ¿Cuánto se comparte con un amigo? ¿Cuántas amistadas conservamos a pesar de saber que son solo el recuerdo de tiempos mejores? ¿Cómo buscar un amigo? ¿Cómo conservarlo? Tantas interrogantes, pero creo que todo se resume a una sola:

¿Cómo identificar un amigo?