9/2/10

Una indescripción


¿Cuál será la sensación más parecida entre ella y yo cuando nos envolvemos en rituales oscuros? Si difícil es consensuar una razón que se fundamenta, más lo será una sensación esquizofrénica que jura amor por tactos y fidelidades por aromas. Que germina en un instante y se dispersa como espuma de ola sólo para tomar impulso y caer, está vez, más violenta contra la arena. Si después, resulta que la arena se transforma en afrodisiaco y la desnudez en mucha ropa. Y si le dan ganas de gritar por qué a mí me dan ganas de destilarle los labios.

¿Cómo habrá palpitado el pecho de mis compañeros cuando estuvieron acá? Y mientras todo sigue su rutina, acá la infinidad se materializa en caídas y subidas del segundero, como caídas y subidas de mi boca sobre los secretos de algunos cuantos. Qué irónico, somos los únicos testigos de ese misterio y nunca compartimos eso, como si fuese pecado recordar la curvatura del instinto con el tiempo. Como si la caminata por sus pechos fuese un tabú, o como si sudar su sudor fuese trivial.

¿Dónde? Desde adentro, entre un montón de conversaciones y convencimientos, al lado de algunas prohibiciones y ciertas mentiras, cerca de la sinceridad y casi en la verdad. Debajo de las consecuencias y encima de los miedos. A kilómetros del pudor y hasta afuera, a años luz de la virginidad.

¿Qué pensará el inconsciente mientras me arrebato lunares de su dorso? Probablemente se va o se transforma en concentración y por eso las puntas de la piel que tocan la suya estallan y se propagan hasta mi estómago y por qué no al de ella también. Probablemente esté guardando toda la información para cuando llegue a mi casa perder la mirada en la imaginación. Probablemente esté inconsciente por tanta droga.

¿Quiénes somos cuando dejamos los pasados y los futuros para diluirnos en el presente? Todos han menospreciado las emociones, los impulsos y las ocurrencias como debilidades humanas, pero acá son el corazón de la máquina. Si alguno se rinde o se apacigua, tendremos una pésima obra teatral, un melodrama trillado con el final más esperado. Pero, mientras cada uno siga sus instintos, el presente se convierte en un remolino como alegoría del universo. Un desorden de bailes y gritos que sin conocer el protocolo, terminan en el mismo estallido rutinario que hace a la existencia su esencia.

¿Por qué la pregunta pasada no concuerda con su respuesta? Si nos definimos por quienes somos a partir de nuestras convicciones, nuestros juicios, valores, miedos, ideologías y creencias, nadie podría decir quién es en ese presente cuando lo vive en el presente, cuando lo internaliza hasta que no quepa adentro y se reviente en los latidos de las manos, de la respiración, en la tiritera de las piernas y la imprecisión del pensamiento porque si vive el presente, no hay tiempo para imaginar o simplemente no se puede porque ese estallido de latidos expulsó a la memoria y colocó de primera fila al desorden de los deseos. (imagen tomada de uruguay-ciencia.com)

El Corazón del pueblo se desangra



Cerca de las próximas elecciones nacionales, no puedo evitar sentir cierta tristeza, al ver como día a día la famosa democracia, de la que tanto nos enorgullecemos, es simplemente un ideal muy lejano a nuestra realidad como nación y en sustitución de ella, nos conformamos con ser fácilmente manipulados en los procesos de democratización, de los cuales somos materia prima únicamente, y es el instrumento del que echan mano los élites para obtener sus beneficios.
La población es ignorante del verdadero significado de la palabra democracia. Este término nos habla de una participación, tanto de palabra, decisión y acción en los diferentes ámbitos en los que nos desenvolvemos, desde nuestro núcleo familiar, el centro educativo, el espacio laboral, hasta la sociedad de forma global. Relacionan su significado con las elecciones, solamente, limitando a gran escala su importancia y trascendencia en nuestro entorno.
La cultura costarricense se desliga de la responsabilidad de constituirnos como un país democrático. Es una mezcla de los patrones de conducta que hemos arrastrado tanto tiempo y la comodidad que representa no responsabilizarse de los resultados (sean positivos o negativos) de determinadas decisiones en las que se debería intervenir con la voluntad colectiva. Si no se vive de forma individual como ciudadanos, es imposible evitar el aislamiento de la participación real en el mover nacional, claro luego esto, nos cobra facturas muy elevadas, con graves consecuencias, para los sectores más vulnerables de la sociedad, y nos ubica en un estado de estancamiento.
La educación como eje transversal del desarrollo es un instrumento empleado erróneamente. Se supondría que debería fomentar el espíritu participativo de los estudiantes y buscar que estos adapten el concepto de democracia en sus estilos de vida, como uno de sus valores más sólidos y orientarlos en su ejercicio diario, pero de forma pasiva se mantiene al margen de esta tarea y su función se reduce en dar conocimientos y conocimientos.
La participación no consiste en ir depositar una papeleta cada cuatro años en una urna, sino más bien en ejercer en nuestro contexto la libertad de opinión y expresión, exigir el respeto a nuestro derecho al acceso de la información, participar de forma activa en las áreas que nos competen tanto por intereses individuales como por motivos de bien social común.
Si el poder es del pueblo, y el mecanismo para ejercer ese poder y legitimizar un sistema, donde se busque la equidad y justicia social, es la participación, nos estamos muriendo lentamente, el corazón del pueblo se desangra y queremos solucionarlo poniéndole una curita a la gran herida generada por la acción de años y años de individualismo, silencio, conformismo, sumisión ante la burguesía (nunca ha desaparecidosimplemente mutó), falta de conciencia social y pasividad. (imagen tomada de la BBCMUNDO)