Se estalló el globo y ni me percaté de que se inflaba, o tal vez lo percibía pero no me preocupé. Apenas días antes de que reventara creo haber intentado evitarlo pero era como el trilladísimo parafraseo de García Márquez la “crónica de una explosión anunciada”. Bueno pero ¿qué queda? Ya sé que no se puede ensamblar el globo porque este solo es de una pieza, no de varias unidas y también sé que quisiera acudir a la segunda trilladísima frase de “ojalá retroceder en el tiempo” pero no me gusta sentirme tan primitivo de Ser como para dejarme sentir tal frase.
Que necia es la incertidumbre, pero obvio no podría ser de otra manera. Si su necedad se pierde es porque antes ya ella había muerto. Ahora solo queda una opción, la más sabida pero la menos aceptada: la vida no es nuestra sino que nosotros somos de la vida. Se reventó el globo porque se tenía que reventar, estábamos intentado ganarle al ciclón de la vida aferrándonos en la tierra pero ¡qué va! En un momento la tierra sostiene nuestros pasos y luego se difumina en la polvareda del huracán.
Entonces, como dije antes, lo que viene es entregarse a la incertidumbre Necia Hegemónica, Única, Universal e Inmutable; por supuesto que inmutable, si el orden no es otra cosa que incertidumbre disfrazada. No queda más que ver como la araña vuelve a tejer su tela para que otros insectos se enreden en ella. No queda más que volver a ver a los transeúntes enojarse con los desconsiderados choferes molestos con los desconsiderados transeúntes. No queda más que tomarse otro café de la mañana con el suceso de ayer vendido en rojo titular de amarillo periódico. No queda más que escuchar las mismas historias de locos obsesivos como éste que ingresa a mi blog quién sabe por qué si acá no hay nada más que las palabras de una mala madre y un ateo marihuano mal influyente hijo del demonio. Y no queda más que esperar la táctica llamada telefónica para pedir disculpas por el error cometido (el error fue que se descubriera).
(imagen tomada de www.tendencias21.net)

