9/2/10

El Corazón del pueblo se desangra



Cerca de las próximas elecciones nacionales, no puedo evitar sentir cierta tristeza, al ver como día a día la famosa democracia, de la que tanto nos enorgullecemos, es simplemente un ideal muy lejano a nuestra realidad como nación y en sustitución de ella, nos conformamos con ser fácilmente manipulados en los procesos de democratización, de los cuales somos materia prima únicamente, y es el instrumento del que echan mano los élites para obtener sus beneficios.
La población es ignorante del verdadero significado de la palabra democracia. Este término nos habla de una participación, tanto de palabra, decisión y acción en los diferentes ámbitos en los que nos desenvolvemos, desde nuestro núcleo familiar, el centro educativo, el espacio laboral, hasta la sociedad de forma global. Relacionan su significado con las elecciones, solamente, limitando a gran escala su importancia y trascendencia en nuestro entorno.
La cultura costarricense se desliga de la responsabilidad de constituirnos como un país democrático. Es una mezcla de los patrones de conducta que hemos arrastrado tanto tiempo y la comodidad que representa no responsabilizarse de los resultados (sean positivos o negativos) de determinadas decisiones en las que se debería intervenir con la voluntad colectiva. Si no se vive de forma individual como ciudadanos, es imposible evitar el aislamiento de la participación real en el mover nacional, claro luego esto, nos cobra facturas muy elevadas, con graves consecuencias, para los sectores más vulnerables de la sociedad, y nos ubica en un estado de estancamiento.
La educación como eje transversal del desarrollo es un instrumento empleado erróneamente. Se supondría que debería fomentar el espíritu participativo de los estudiantes y buscar que estos adapten el concepto de democracia en sus estilos de vida, como uno de sus valores más sólidos y orientarlos en su ejercicio diario, pero de forma pasiva se mantiene al margen de esta tarea y su función se reduce en dar conocimientos y conocimientos.
La participación no consiste en ir depositar una papeleta cada cuatro años en una urna, sino más bien en ejercer en nuestro contexto la libertad de opinión y expresión, exigir el respeto a nuestro derecho al acceso de la información, participar de forma activa en las áreas que nos competen tanto por intereses individuales como por motivos de bien social común.
Si el poder es del pueblo, y el mecanismo para ejercer ese poder y legitimizar un sistema, donde se busque la equidad y justicia social, es la participación, nos estamos muriendo lentamente, el corazón del pueblo se desangra y queremos solucionarlo poniéndole una curita a la gran herida generada por la acción de años y años de individualismo, silencio, conformismo, sumisión ante la burguesía (nunca ha desaparecidosimplemente mutó), falta de conciencia social y pasividad. (imagen tomada de la BBCMUNDO)

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