Vivimos en un eterno festival de máscaras, convivimos con miles de millones de desconocidos, es más nos hemos afanado tanto en aceptar lo establecido y aparentar que ni nosotros mismos sabemos bien quienes somos…
La sociedad desde tiempos antiguos a establecido roles de géneros muy marcados que definieron a su vez lo aceptado y lo no aceptado, a pesar del tiempo las “reglas del juego” no han cambiado.
En el sentido común de la gente, queda la noción de que una mujer sumisa, pasiva, dulce, complaciente, que le agraden los quehaceres del hogar y procure estar bonita físicamente es la ideal.
Por el otro lado, se espera de un hombre que sea fuerte, valiente, autoritario, dominante, que tenga iniciativa, que le agraden los vicios y andar con muchas mujeres a la vez.
Actualmente en la cultura globalizada en la que estamos atrapados, estos roles han mutado, tomaron más fuerza y se manifiestan cotidianamente en la actitud de las personas.
En el caso femenino, las mujeres buscando aceptación no descuidan su figura, en ocasiones prefieren opinar lo mismo que sus compañeros a diferir, porque es más aceptable una mujer sonriendo y asentando la opinión de los hombres o una mujer crítica que expresa sus pensamientos sin importar quien este a su alrededor, e intentan a toda costa ser “dulces”, sonrientes y amables con todos, aunque por dentro se sientan mal por algún motivo.
Del lado masculino no se presenta una situación diferente, tratan de no mostrar sensibilidad para nada (menos en compañía de sus amigotes), buscan andar con varias mujeres al mismo tiempo aunque esto no les genere satisfacción, solamente para cumplir con la cuota del macho conquistador y muestran su fuerza con violencia en diferentes situaciones, si hay un desacuerdo los golpes llaman a demostrar lo hombres que son, además se meten en problemas de drogas o pandillas, porque su naturaleza es rebelde.
Cuando volvamos a escuchar el termino estigma no pensemos en racismo, xenofobia, homofobia o alguno de estos grupos de personas que por sus condiciones, creencias o costumbres sufren de un trato diferente al que merecen, reflexionemos sobre nuestra actitud ante la vida y analicemos si nosotros igualmente vivimos en un estuche que no nos permite dar a los demás lo que realmente hay en nuestro interior, no se trata de seguir patrones de conducta sino de crear, rehacer, reconstruir…
El estigma es una enfermedad social muy dañina y peligrosa, crece y crece, nos nubla la visión, nos carcome la identidad y nos deja vacíos y disponibles para ser llenos por cualquier falso sentimiento o idea. Hay muchos individuos que ni sospechan que la padecen. Es hora de que superemos la Barbie y el Ken de nuestra infancia. (imagen tomada de img.youtube.com)
22/4/10
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