22/4/10

Desintegración Familiar

Padre mata a sus tres hijos y a su compañera la noche del viernes, crecen los índices de madres solteras o encuentran feto en basura, hoy en día son titulares muy comunes en los diarios, son como piezas de un rompecabezas que se llama desintegración familiar.
Factores como alcoholismo o adicciones a otras drogas, conductas de agresión y violencia, problemas económicos, falta de tiempo para convivir, divorcios o relaciones que continúan por los hijos, intolerancia, estrés, son algunos de los protagonistas.

Las personas al preguntarles que significa para ellos la familia, siempre hacen referencia a su importancia y valor, pero cuantos individuos realmente entienden que más que reconocer tales características es necesario trabajar y desarrollar familias que no se queden solo en el apellido y constituyan un verdadero núcleo de apoyo, comunicación y amor.

La familia representan el conjunto de personas de convivencia más cercana para todos, si alguien vive patrones negativos en su hogar, en el tiempo que le corresponda formar a él su propia familia es probable que repita muchos de ellos, consciente o inconscientemente.

En el hogar es donde se forma la mayor parte del carácter de los individuos, porque desde su infancia reciben influencia directa de su ambiente, sea positivo o negativo, con practica de valores o antivalores, con armonía o desacuerdos constantes, entre otras tantas situaciones que asimilara y adoptará como suyas.

Es necesario establecer estrategias educativas, que permitan a todos los miembros de la familia visualizar la necesidad y beneficios de relaciones sanas en el hogar, tanto entre la pareja como la pareja con los hijos. Los lugares ideales para trabajar esto, serían los centros educativos tanto de primaria como de secundaria, trabajando de la mano con los alumnos y con los padres, los grupos de las iglesias, los colectivos comunales organizados, entre otros.

De lo contrario si continuamos en este retroceso de la imagen familiar, las personas buscarán en otros lugares satisfacer el sentido de pertenencia, afecto y guía que no encontrarán en sus hogares y la pérdida de valores continuará sin remedio.

Si se desea conseguir un cambio es necesario que todas las partes involucradas tengan disposición de emprenderlo, desde el más pequeño de la casa hasta el presidente de la República, se deben estudiar claramente el problema de forma integral, identificar las soluciones y trabajar arduamente en ponerlas en práctica.

Los individuos deberíamos tener como prioridad ser exitosos en nuestros hogares más que en cualquier otro lugar, creando un soporte para alcanzar las demás metas, mediante un intercambio de motivación y ayuda con los otros integrantes de la familia. La sociedad podría hablar de un desarrollo real y genuino si tuviera pequeños gobiernos de paz y comprensión rodeando a cada persona. (imagen tomada de la BBCMUNDO)

Estigma Latente

Vivimos en un eterno festival de máscaras, convivimos con miles de millones de desconocidos, es más nos hemos afanado tanto en aceptar lo establecido y aparentar que ni nosotros mismos sabemos bien quienes somos…

La sociedad desde tiempos antiguos a establecido roles de géneros muy marcados que definieron a su vez lo aceptado y lo no aceptado, a pesar del tiempo las “reglas del juego” no han cambiado.

En el sentido común de la gente, queda la noción de que una mujer sumisa, pasiva, dulce, complaciente, que le agraden los quehaceres del hogar y procure estar bonita físicamente es la ideal.

Por el otro lado, se espera de un hombre que sea fuerte, valiente, autoritario, dominante, que tenga iniciativa, que le agraden los vicios y andar con muchas mujeres a la vez.

Actualmente en la cultura globalizada en la que estamos atrapados, estos roles han mutado, tomaron más fuerza y se manifiestan cotidianamente en la actitud de las personas.

En el caso femenino, las mujeres buscando aceptación no descuidan su figura, en ocasiones prefieren opinar lo mismo que sus compañeros a diferir, porque es más aceptable una mujer sonriendo y asentando la opinión de los hombres o una mujer crítica que expresa sus pensamientos sin importar quien este a su alrededor, e intentan a toda costa ser “dulces”, sonrientes y amables con todos, aunque por dentro se sientan mal por algún motivo.

Del lado masculino no se presenta una situación diferente, tratan de no mostrar sensibilidad para nada (menos en compañía de sus amigotes), buscan andar con varias mujeres al mismo tiempo aunque esto no les genere satisfacción, solamente para cumplir con la cuota del macho conquistador y muestran su fuerza con violencia en diferentes situaciones, si hay un desacuerdo los golpes llaman a demostrar lo hombres que son, además se meten en problemas de drogas o pandillas, porque su naturaleza es rebelde.

Cuando volvamos a escuchar el termino estigma no pensemos en racismo, xenofobia, homofobia o alguno de estos grupos de personas que por sus condiciones, creencias o costumbres sufren de un trato diferente al que merecen, reflexionemos sobre nuestra actitud ante la vida y analicemos si nosotros igualmente vivimos en un estuche que no nos permite dar a los demás lo que realmente hay en nuestro interior, no se trata de seguir patrones de conducta sino de crear, rehacer, reconstruir…

El estigma es una enfermedad social muy dañina y peligrosa, crece y crece, nos nubla la visión, nos carcome la identidad y nos deja vacíos y disponibles para ser llenos por cualquier falso sentimiento o idea. Hay muchos individuos que ni sospechan que la padecen. Es hora de que superemos la Barbie y el Ken de nuestra infancia. (imagen tomada de img.youtube.com)

30/3/10

La Personificación del Amor

 Comenzó hace ya casi diez meses, es una de las pocas cosas que realmente cambian la vida de una persona por  completo, no me refiero a algo físico, como el aumento del vientre, el cansancio o como se percibe el calor, tampoco hablo del aspecto social, comento sobre la reestructuración del ser, de lo más profundo de un individuo, la transformación de su visión individual del mundo, para velar por dos.
Samuel debía nacer el lunes 22 de febrero según los pronósticos de los médicos. Ese día me desperté con una mezcla de colores en mi alma, asustada, alerta, alegre; quería como salir corriendo y al mismo tiempo esperar sentada tranquilamente  alguna señal de que ya era la hora.  Transcurrió el lunes, en la noche  al no percibir ninguna molestia tomé la decisión de ir a aplicar un examen a la universidad, desde que salí de mi casa, durante todo el trayecto, aunque iba acompañada por mi novio en el camino, y me venía hablando, solamente  escuchaba en mi oído el pin pin pin, como si quedarán los últimos segundos para que estallará una bomba, que cargaba.
Martes tenso, miércoles muy tenso, jueves exageradamente tenso, me consolaba que el viernes tenía una cita en el médico, para mi sorpresa el viernes temprano cuando me presente al consultorio, el médico se encontraba enfermo y ese día no llegaría, obviamente no podía quedarme esperando, necesita que revisarán mi bebé, la desesperación me estaba ganando la partida. Me dirigí hacia el hospital  para que me revisarán, el recorrido de ese bus se me hizo eterno, cada minuto asemejaba una hora, cada parada un siglo, no sé bien si era preocupación, temor, pero fue una confrontación directa con mi valor.
Viernes 9:45 a.m., me revisaban, 10:00 a.m. caminaba hacia la ventanilla para internarme, no sentía nada en ese momento, me quedé como en blanco. Después de todo el protocolo y de resignarme a la incomodidad de andar en bata de hospital, me hallaba en sala de partos, esperando que la dilatación aumentara, con una hambre exagerada (ahí no podíamos comer) y resintiendo las primeras contracciones del proceso. Miraba el reloj y parecía como si se riera de mí, al ver la ansiedad con la que lo miraba, como si eso ayudará a que avanzará el tiempo.
Las conversaciones poco alentadoras de mis compañeras de salón, no se hicieron esperar, unas decían no aguantar más, experimentar dolores atroces y tener ahí hasta tres días de estar esperando el nacimiento de sus hijos. Escuche de todo: una que tenía problemas de presión, otra era muy mayor y su rostro mostraba el temor que sentía, la que estaba a mi lado izquierdo cargada de un positivismo que no sé de dónde sacaba nos alentaba diciéndonos que hoy salíamos de eso, unas solamente lloraban y algunas se ahogaban en gritos.
Los médicos y enfermeras iban y venían constantemente, con rostros malhumorados, tímidos, alegres, confiados, simpáticos, odiosos, realizaban su trabajo y conversaban entre ellos, sobre el almuerzo, fantasmas, una excursión, compañeros de trabajo, experiencias con pacientes, solo por mencionar algunos temas.
A las 5:00 p.m. después de miles de revisiones y controles, sin comer absolutamente nada y estar ya cansada por las contracciones me enviaron al salón de prepartos porque no había aumentado mi dilatación, lo que me afecto emocionalmente y la preocupación y la tristeza se apoderaron de mi, quería llorar, pero el dolor no me lo permitía, durante toda la noche estuve pensando en si Samuel estaría bien, si esto era normal y en lo frustrante que sería experimentar dolores cada cinco minutos por largas horas y que al final al no dilatar lo suficiente tuviera que sufrir una cesárea. Los pensamientos estripaban cada conexión nerviosa de mi cerebro.
Sábado a las 9:05 a.m. un médico me dio la mejor noticia, como si hubiera ganado dinero o algo por el estilo, que había recibido en mucho tiempo, tenía 4 cm de dilatación, eso significaba que el proceso, aunque lento, avanzaba y tal vez este sería el gran día. Me enviaron nuevamente a sala de partos y aplicaron un suero con una dosis más fuerte que la de ayer y eran las 10:30 a.m. cuando los dolores empezaban más fuertes, prolongados  y la dificultad para soportarlos aumentaba.
A partir de las 11: 10 a.m. y hasta las 2:00 p.m. experimenté las sensaciones más desagradables de toda mi vida, eran como convulsiones de todo mi cuerpo, tenía calor, no podía respirar bien porque el dolor me quitaba la respiración, tenía calambres, sentía como si me estuviera despedazando por dentro lentamente.
A partir de las 2:00 p.m. la experiencia creció de nivel de intermedio a extra avanzado, ya no tenía fuerzas… y era el momento en el que debía  colaborar para aligerar el proceso.  A  las 3:31 p.m. me trasladaron a la sala de los nacimientos, bebé tardó en salir solamente diez minutos, en el instante que me lo entregaron en brazos y aunque veía un poco borroso, sentí una conexión como mágica y todo el sufrimiento lo dejé atrás, el amor que nos enlazó es algo que no es posible explicar en palabras.
Se podría decir que fueron veinticinco horas muy especiales, la labor de parto nunca la olvidaré porque al finalizar me dio el regalo más excepcional que he tenido en mis manos y que podré disfrutar durante toda mi vida.